lunes, 27 de marzo de 2017

Pero si tengo todo lo que quiero!!

Hace unos días, estuve dando un seminario en Bahía Blanca y dentro de todo lo interesante compartido me dejaron el nombre de una película chilena llamada “Sin Filtro”.

Ni bien llegué a casa pude verla y más allá de la historia, me espejó situaciones que cotidianamente vemos en las consultas. Una mujer con una vida aparentemente “normal”, tranquila, pero que sufre ataques de pánico y toma grandes cantidades de medicación psiquiátrica para manejarlo. Ella no logra comprender ni ver que es lo que le genera ese malestar, siente punzadas en el pecho, le falta el aire, toma la pastilla y sigue su día.

Cuando va al psiquiatra, le dice que la única solución es aumentar la medicación. Ella angustiada responde que no sabe porque se siente así “si tiene todo lo que quiere, un trabajo estable, un marido, una casa” y por suerte termina cayendo con un médico chino que la ayuda a liberar la energía de su corazón para empezar a conectar con el sentir y poner las cosas en su lugar.

Lo interesante de esta historia, es que ella en su mente cree que TIENE TODO y debería ser feliz, cuando la felicidad no se trata de tener. Cuando los objetos no hacen a la felicidad, aunque si puedan acompañarla.  Se desconectó por completo de lo que ella sentía, deseaba, de que cosas le molestaban, pasando a someterse con tal de no confrontar con nadie y seguir manteniendo una paz ficticia que la estaba enfermando.
Muchos viven la vida de esta manera, como si el destino ya hubiera barajado y no existiera posibilidad de otra cosa. Como si siguiéramos el camino de lo que se debe hacer y ser, sin preguntarnos si ese camino es para nosotros o preferiríamos hacerlo de otra manera.

Cada uno de nosotros es único y particular, nadie nos conoce y sabe más que nosotros mismos sobre nuestro mundo interno, ni el mejor de los terapeutas. Ir hacia adentro, reflexionar sobre que sueño en esta vida es parte de ir construyendo un camino en dirección a la felicidad verdadera. Quizás creí que armar una familia era la felicidad, pero acá me encuentro con un marido, dos hijos y me siento mal… o creí que ser exitoso profesionalmente era lo importante y ahí estoy, trabajando mil horas sintiéndome solo… o que ganar mucho dinero era lo fundamental y ahora me veo exigido, estresado, sin poder disfrutarlo ni vivir en paz. No hay UNA sola forma, un molde para todos. Es necesario emprender la propia búsqueda.

En la película cuando este personaje descomprime su pecho, comienza a poner límites claros, a hacerse respetar, se da cuenta que no es feliz con su pareja, que no la respeta ni acompaña y así va tomando decisiones, al principio de forma brusca y desbordada, ya que no sabe cómo manejar todo lo que siente “de golpe” pero después de va acomodando.

¿Algo de esto hace eco en tu interior?  Contanos! ;)

Paula Santiago
Directora en Espacio Nuevo Ser
www.espacionuevoser.com.ar

En Espacio Nuevo Ser intentamos brindar herramientas que te permitan verte, sentirte, comprenderte y puedas con ellas encontrar lo que tanto estás buscando.

lunes, 20 de marzo de 2017

Cuando ayudo, ¿a quien ayudo?


Cuando damos o ayudamos a otro… ¿porque lo hago? ¿por mi o por el otro?
Hay quienes ayudan y esperan retribución. Cuando no la reciben aparecen comentarios como “¡Ni gracias me dijo!! ¿Podes creer? ¡Con todo lo que yo hice por él!”
Otros que ayudan con un auto engaño diciendo “yo no espero que me lo devuelva, pero al menos podría agradecerme...” O quejándose más adelante con un “yo ayudo a todos y cuando yo necesito algo nadie está”
Hay quienes usan la ayuda que han dado para sentir que el “ayudado” ha quedado en deuda y de alguna manera tener cierto poder sobre el otro. O que el otro me quiera… o que el mundo piense que soy buena persona, porque ayudo.
En todos, pero todos los casos que nombramos antes existe un dar desde el Ego.


Si doy esperando que devuelvan y no ocurre… no es problema del otro. ¿Por qué yo necesito que me reconozcan? 
Si siento que ayudo a todo el mundo y nadie me ayuda a mi…. No es problema del otro.
¿Yo pido ayuda? ¿Dejo que el otro participe cuando me hace falta algo o temo mostrar “debilidad”? ¿Una parte de mi disfruta de lamentarse? (Aunque suene contradictorio, ser víctima tiene sus beneficios, eso va a ser tema de otra nota)
Si doy, doy y doy y siento que vivo “salvando” a los demás… no es problema del otro. ¿Por qué necesito ser salvadora? ¿Por qué anulo la posibilidad que el otro tiene de salvarse a si mismo?

En todos los casos la pregunta es la misma: ¿Porque lo haces? ¿Porque das?
Y la respuesta es: porque vos necesitas hacerlo.


Cuando conecto con mí espiritualidad, con la abundancia, con el Universo/Dios, entiendo que doy al Universo. Que doy amor, ayuda, porque puedo en ese momento, porque soy feliz haciéndolo y cuanto más amor libero al mundo, más amor me rodea y sigo siendo feliz. Pero dejo de esperar que ESA persona a la que ayude, me devuelva la “deuda”. Porque la energía no siempre se mueve de esa manera. Cuando doy sabiendo que lo hago por mí, no espero nada de nadie. Doy al mundo y el mundo devuelve, porque la energía circula. Todo lo que das, vuelve.

Reconozcamos si damos por carencia o por abundancia y vas a ver que los resultados van a ser bien distintos ;)

¿Y vos? ¿¿Porque das??

Paula Santiago. 

domingo, 12 de marzo de 2017

El sentido común, es el menos común de los sentidos


Hace unos años esa frase se grabó en mí, tantas veces he oído “Ay Paula! ¡Pero si es sentido común!!” en situaciones que a mí no me cerraban o estaba en desacuerdo.  Por eso hoy quiero que juntos reflexionemos sobre lo “común” o “normal”.
Esta palabra viene de la norma, algo que rige, que está vigente. Algo que suele estar clasificado como “bueno”, porque es normal. Algo que pasa seguido y ya no nos llama la atención.

Es necesario diferenciar lo natural de normal. La naturaleza es simple, tiene ciclos, armonía, fluidez, un sentido que podemos observar y comprender. La montaña es, nadie le dice que gorda estás o la juzga porque debiera ser de otra manera. Ella es.


La violencia en la ciudad es normal. ¿Esta bueno? No, pero la naturalizamos. Es decir, la hacemos parte de nuestra vida, como algo que fluye y es. Sin juzgarla. La vemos, pero ahí está.
La ciudad es un ejemplo claro, pero a la vez mucho más complejo de lo que yo quiero plantear. Vamos a nivel micro, a nosotros mismos. ¿Cuantas actitudes hemos naturalizado y no son sanas? ¿Cuantas veces decimos “yo soy así” como si no existiera la remota posibilidad de ser diferente? ¿Cuantas veces soportamos un mal trato en un trabajo? ¿Cuánto naturalizamos el sufrimiento en nuestra vida?  Muchas veces escucho “es lo que hay” y esa es otra frase peligrosa. Si con cabeza agachada digo es lo que hay me someto a la norma y sigo el rebaño. Pero si digo “por ahora, es lo que hay” sabemos que estamos ahí por algo, trabajando para salir y cambiar.

Los invito a no naturalizar y someterse al dolor, al sufrimiento, al padecer. Transformarnos desde adentro, fortaleciéndonos, pudiendo poner límites claros con amorosidad y encontrarnos con personas que naturalizan el amor, la alegría, el bienestar y el vivir con plenitud. Convivimos con lo que naturalizamos, algo que nos rodea a diario, empecemos a crear una realidad más amena para nosotros y para quienes nos rodean. Soy de las que piensan que si cada uno de nosotros cambia su conciencia individual y hace lo mejor que puede consigo mismo, en un momento seremos una gran conciencia colectiva haciendo lo mejor posible entre todos.


Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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lunes, 6 de marzo de 2017

La oveja negra de la familia.


No se de donde viene esa forma de referirse a los distintos, pero es tan conocida que todos sabrán de que estoy hablando. Una vez una colega me dijo “soy la mosca blanca”, haciendo alusión a lo mismo. Elijan la que más les guste, este artículo es para nosotros (me incluyo! ;) )


Todo muy lindo cuando decimos que cada persona es diferente, única e irrepetible. Crecemos y nos vamos encontrando con pares, socialmente nos vamos agrupando por ideología, religión, política, gustos, etc y sentimos que pertenecemos, que somos aceptados, que compartimos y crecemos con esas personas.

¿Pero que pasa con nuestras familias de origen? Hay mandatos familiares, creencias, formas de hacer “bien” o “mal” las cosas y pareciera que siempre hay uno que viene a romper el molde. Ahí está la famosísima oveja negra diciendo que las fiestas de este año no las pasa en la casa de la nona con todos los tíos y primos, porque prefiere irse con su pareja y su hija a la costa para celebrarlo a orillas del mar. O aquella mosca blanca con padre y hermanos médicos, que “de repente” le pinta estudiar cine. O el que en familia super religiosa se casa con una atea y no bautiza a sus hijos.

En la mayoría de los casos ocurre que para los padres son una sorpresa dolorosa las decisiones de ese hijo “descarriado” y para ese hijo, requiere un gran esfuerzo poder seguir adelante defendiendo su creencia y su sentir, aún siendo rechazado por su familia.

Justamente volviendo al comienzo, cada ser humano es único. Si sigo como un cobayo sin preguntarme si eso es lo que quiero corro el riesgo de ser infeliz. De seguir por inercia un camino que marco otro, una vida que otro dijo que estaba buenísima y que era lo mejor. Las propuestas de los padres son siempre desde su creencia de lo que es mejor para nosotros. Suelen ser con amor, pero aún así, yo soy el único que sabe lo que es mejor para mí mismo. Y si no lo sé, ahí comienza mi búsqueda. Si no, somos simples multiplicadores y sostenedores de sistemas familiares, culturales y sociales. La conciencia hace que me pregunte si esto para mi está bueno o no,  si es lo que yo elijo.

Les deseo que sean libres, que repitan lo menos posible, que sanen y creen sus propias historias, viajes, amores, carreras exóticas o no, pero sobre todo felices.


Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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domingo, 26 de febrero de 2017

¿Mayor conocimiento es igual que mayor sabiduría?


Hace unos años que existe un movimiento creciente hacia lo terapéutico, hacia la salud y la espiritualidad. Cada vez son más las personas que se dedican a compartir y también los practicantes o buscadores de una vida diferente.

Como parte de esta expansión tenemos la contracara del exceso de información. Parece que nunca alcanza, que siempre tenemos sed de más. Siempre hay un nuevo curso, una nueva terapia revolucionaria y así vamos sorprendiéndonos y dejando que la curiosidad de comer un poquito de cada plato nos lleve.

Está bien cuando uno comienza: buscar, leer, escuchar diferentes versiones y maestros. Pero en un momento del camino, es necesario elegir. Elegir para profundizar, elegir para ir realmente hacia adentro con esa disciplina que elegimos. Si no, es como ir a la facultad y hacer distintos cursos de ingreso pero no terminar ninguna carrera. Nunca seremos Licenciados en CBC de la UBA, no? Bueno, acá tampoco. Y sobre todo, porque la espiritualidad tiene que ver con llevar a nuestra vida lo que vamos aprendiendo. El cambio, la transformación se hacen con tiempo, voluntad y conciencia. Leerme todos los libros de Yoga del mundo, no me hará sabio, en cambio la práctica de la meditación sí. Tan simple y tanto nos cuesta!

Hay situaciones difíciles de nuestra vida donde buscamos más y más porque creemos que “algo” nos falta y en realidad eso que falta no está afuera. Veo seguido personas con recursos, con seminarios ya hechos y sin embargo no utilizan lo que saben. Son reikistas pero ante un dolor no se acuestan a sanarse con sus manos, saben leer registros pero no los abren y piden claridad para resolver lo que les pasa. Buscar, encontrar, aplicar y vivir con eso que aprendimos adentro, con cada libro, cada maestro y cada curso. Hasta sentir que tenemos todo lo que necesitamos, siempre.

Hace unos días alguien me dijo “cuanto más puedas estudiar, mejor”. Nuestro consejo es cuanto más puedas aplicar, mejor ;)

Si buscas con tu mente, serás sólo un gran conocedor de teorías, pero si buscas con un corazón abierto y comprometido vas a transformar tu vida.

Seamos buscadores sinceros.

Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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