domingo, 6 de noviembre de 2016

Cuando queremos cambiar el mundo...

Esta semana, en medio de una lectura de registros akáshicos, un consultante hablaba sobre el extremo desgaste que le generaba defender sus valores y creencias. Los maestros le mostraban una forma de lograr cambios sin que él terminara agotado por resguardar su causa.
Esa enseñanza, me trae hoy a este escrito.

Muchos de nosotros “luchamos” por defender personas o lugares que se encuentran en estado de vulnerabilidad, leyes o normas que no están siendo respetadas. Mi causa en particular fue defender los derechos de las mujeres embarazadas y de los bebés por nacer.
Cuando comencé era una guerrillera del parto respetado, enojadísima con el sistema médico que en muchas partes del mundo funciona como un gran negocio y no respeta la salud, los derechos, los cuerpos, etc. Sumado a que yo también había tenido una mala experiencia fue un combo complicado de llevar emocionalmente.

Ante cada injusticia ahí estaba yo, acompañando a esa madre en su dolor. Me enojaba, indignaba, angustiaba y llegaba a mi casa con toda esa carga. Me sentía frustrada, impotente, porque todo parecía funcionar de una manera perversa y uno no “puede hacer nada”. Yo estaba conectada con esa frecuencia de emociones, la angustia de mi propia mala experiencia se despertaba ante cada relato de dolor y cada célula de mi cuerpo respondía.
Sin darme cuenta, a medida que fui reconociendo y profundizando en mi propia historia como hija, mujer y madre algunas cosas empezaron a sanarse. A la vez, empecé a acompañar partos en un hospital donde se respetaba a las mujeres. Empecé a entender que si me conectaba con el amor, podía dar amor. Para esas mujeres, era importante que alguien las sostenga y las cuide, sus partos fluían sin tanto temor, se daban cuenta de la fuerza y el poder que tienen dentro.  

Pongo este ejemplo, para no exponer la historia de mi consultante, pero el aprendizaje era este: si queremos cambiar una realidad afuera, primero tenemos que ver porque nos identificamos con ella, que parte de nuestra historia toca. Una vez que ella esté sanada (o al menos tengamos la conciencia de esa herida) podemos involucrarnos desde un lugar amoroso. Empezando por un granito de arena. El granito parece pequeño e insignificante, los idealistas queremos ir a mover montañas. Pero a veces hay que ponerse metas más cortas, para luego avanzar.
Y mover montañas, puede ser nuestro objetivo final, pero empecemos con el granito de arena.
¿Cómo puedo sumar? ¿En que puedo ayudar? Ya no estaba enojada con el sistema, tampoco negaba su existencia. Pero había encontrado una forma más sana para mí y con resultados mucho mayores.

La diferencia estaba en conectarse con el bien, con lo que uno si puede hacer y con los efectos que eso tiene en otras personas. Con pequeños actos cotidianos podemos sembrar semillas de cambio.

Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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Si en algún momento del camino necesitas compañía, para eso estamos en Espacio Nuevo Ser.

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