Como profe de Yoga, cuando hablamos con los alumnos sobre la
meditación he recibido todo tipo de comentarios. Están los que creen que es
algo imposible, otros sienten que “no es para ellos”, algunos lo ven como algo
fascinante pero inalcanzable y otros quisieran saber cómo hacer para lograrlo. El
escrito de esta semana, está dirigido a todos ellos.
Cuando me preguntan, les digo que es para todos, que no hace
falta ser alguien “iluminado” y que la técnica en si es tan sencilla que no lo
podés creer. Lo que es complejo es desarticular los mecanismos de nuestra mente
y aprender a domesticarla. Eso lleva trabajo, pero hasta las cabecitas más
activas con constancia logran hacerlo.
Existen diferentes formas de meditación, pero cuando alguien intenta sentarse diciendo “voy a poner la mente en blanco” generalmente el resultado es una frustración enorme, sumada a la sensación de no puedo con esto, no es para mí. Antes de sentarnos a querer meditar te propongo practicar algo más sencillo. Se trata de la concentración o atención plena.
Existen diferentes formas de meditación, pero cuando alguien intenta sentarse diciendo “voy a poner la mente en blanco” generalmente el resultado es una frustración enorme, sumada a la sensación de no puedo con esto, no es para mí. Antes de sentarnos a querer meditar te propongo practicar algo más sencillo. Se trata de la concentración o atención plena.
Ahora mismo mientras lees, ¿cómo estás sentado? ¿cómo estas
respirando? Tomate sólo un minuto (literal) para sentarte derecho, sentirte y
empezar a ponerle atención a cómo estás respirando. Ese pequeño ejercicio, hace
que tu mente salga de lo que estés haciendo (dejaste de leerme) para sentir tu
momento presente. Si pudieras hacer esto varias veces al día, vas a empezar a
lograr grandes cambios.

A esto se le llama práctica del presente. Significa estar acá y no en otro lado. Que tu mente, tu cuerpo y tus emociones estén todas en el mismo lugar. Ahora. Si no, estás trabajando pero pensando en que se largó a llover y dejaste la ventada abierta de tu habitación con piso de parquet. O estás manejando el auto, pensando en el trabajo, dudando de si le mandaste el mail a ese cliente enojado. En ambos casos, seguro la incertidumbre de lo que pueda pasar, también le da de comer a esa mente de maquinita imparable.
Se trata de situaciones donde nuestro cuerpo realiza una actividad de modo casi automático mientras nuestra mente está resolviendo otra cosa. El problema es, que sobre estimulamos la mente y la realidad es que no podemos poner el %100 de la atención a dos cosas a la vez.
Incluso muchas veces eso nos lleva a no tener registro de algunos acontecimientos. Saliste de casa pensando en todo lo que tenias que hacer y no te acordas donde guardaste las llaves. ¿Te pasó? Me encontré un rasguño en la pierna y no tengo idea de contra que me choque o encontré el control remoto en la heladera (decime, ¿en qué momento lo metí ahí?)
Todo eso, ¡es falta de atención!
Antes de que te sientes a frustrarte por no poder meditar, implementa el aumento de la conciencia en el presente, en los actos cotidianos.
Empezá de a poco, anda aumentando y contanos como te fue.
Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
En Facebook : Espacio Nuevo Ser
www.espacionuevoser.com.ar
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
En Facebook : Espacio Nuevo Ser
www.espacionuevoser.com.ar
Si en algún momento del camino necesitas compañía, para eso estamos en Espacio Nuevo Ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario