Cada situación, persona, lugar, trabajo, etc tienen su
ciclo, aunque muchas veces no logramos acertarle al final de manera adecuada.
¿Qué quiero decir? Vamos con ejemplos. Tengo un trabajo que no me satisface,
con un jefe que me maltrata. Puedo mandar el telegrama HOY y no volver nunca
más. Es una opción, que no está mal. Pero si me considero un ser espiritual que
vino a esta vida a aprender (o simplemente no deseo en absoluto volver a vivir
estas situaciones) tengo una revisión que hacer. ¿Cómo me trato a mi mismo?
¿Siempre me encuentro con estos personajes? ¿Hay otros en mi historia? ¿Cómo
terminaron esas relaciones? ¿Cómo lo resolví?
Si me voy de ese lugar HOY, seguramente en otro contexto, en otro trabajo o en otro tipo de vínculo encontraré quien me vuelva a hacer sentir así. Hasta que me dé cuenta que algo en mi no está funcionando y que debo hacer un cambio, soltar alguna creencia, etc. A este yo lo llamo el patrón del “escapista”. Se va del lugar con alguna excusa muy sensata y racional con tal de no enfrentar la situación o ver sus partes más escondidas.
El otro ejemplo que tengo es el inverso. Aquel que con tal de no hacer un cambio se somete a la situación sin poder salir. Sabe que no está a gusto, muchas veces comprende que lo lleva a estar ahí peeeero…aún así el cambio lo asusta o preocupa. La incertidumbre de no saber que viene después de eso le genera ansiedad, temor, angustia y no logra soltar. Algunos tienen la “suerte” de que el afuera resuelve (volviendo al ejemplo de trabajo, justo lo despiden) y de esa manera los deja de un soplido en la calle con todas esas emociones en la mano, ¡pero ahora multiplicadas!
A este patrón le llamo “resistencia máxima”, me lo imagino como un toro que sigue tirando del carro pase lo que pase.
Lo más sano en ambos casos, sería poder estar conectados con la situación, trabajar mis emociones, comprender, aceptar y sanar mis limitaciones, para poder poner el punto final cuando yo considere que es tiempo. Organizar mi “salida triunfal”, de modo que no me desestabilice.
De todas maneras, cada uno de nosotros ve hasta donde puede, según el nivel de conciencia que tiene en ese presente. Jamás debemos juzgarnos, sólo aceptar y hacer lo mejor en cada momento. Si nos vamos de un portazo, aprenderemos más adelante y si me quedé hasta que todo terminó muy mal, sentiré que el mundo se me viene abajo, hasta que encuentre soluciones y salga de eso. Finalmente aprenderé lo que deba aprender.
Nuestra invitación es a vivir de manera más consciente nuestra realidad, para evitarnos situaciones de sufrimiento extremo, eso implica valentía y una revisión constante, pero el resultado es una vida más armoniosa. Alti bajos, días tristes, tenemos todos. Pero si al terminar la semana, el mes, el año ves que tu vida va mejor y que la mayor parte del tiempo sentís alegría y plenitud. ¡¡Es que vas muy bien!!
Y vos, ¿con que patrón te identificas más? ¡Contanos tu experiencia!
Si me voy de ese lugar HOY, seguramente en otro contexto, en otro trabajo o en otro tipo de vínculo encontraré quien me vuelva a hacer sentir así. Hasta que me dé cuenta que algo en mi no está funcionando y que debo hacer un cambio, soltar alguna creencia, etc. A este yo lo llamo el patrón del “escapista”. Se va del lugar con alguna excusa muy sensata y racional con tal de no enfrentar la situación o ver sus partes más escondidas.
El otro ejemplo que tengo es el inverso. Aquel que con tal de no hacer un cambio se somete a la situación sin poder salir. Sabe que no está a gusto, muchas veces comprende que lo lleva a estar ahí peeeero…aún así el cambio lo asusta o preocupa. La incertidumbre de no saber que viene después de eso le genera ansiedad, temor, angustia y no logra soltar. Algunos tienen la “suerte” de que el afuera resuelve (volviendo al ejemplo de trabajo, justo lo despiden) y de esa manera los deja de un soplido en la calle con todas esas emociones en la mano, ¡pero ahora multiplicadas!
A este patrón le llamo “resistencia máxima”, me lo imagino como un toro que sigue tirando del carro pase lo que pase.
Lo más sano en ambos casos, sería poder estar conectados con la situación, trabajar mis emociones, comprender, aceptar y sanar mis limitaciones, para poder poner el punto final cuando yo considere que es tiempo. Organizar mi “salida triunfal”, de modo que no me desestabilice.
De todas maneras, cada uno de nosotros ve hasta donde puede, según el nivel de conciencia que tiene en ese presente. Jamás debemos juzgarnos, sólo aceptar y hacer lo mejor en cada momento. Si nos vamos de un portazo, aprenderemos más adelante y si me quedé hasta que todo terminó muy mal, sentiré que el mundo se me viene abajo, hasta que encuentre soluciones y salga de eso. Finalmente aprenderé lo que deba aprender.
Nuestra invitación es a vivir de manera más consciente nuestra realidad, para evitarnos situaciones de sufrimiento extremo, eso implica valentía y una revisión constante, pero el resultado es una vida más armoniosa. Alti bajos, días tristes, tenemos todos. Pero si al terminar la semana, el mes, el año ves que tu vida va mejor y que la mayor parte del tiempo sentís alegría y plenitud. ¡¡Es que vas muy bien!!
Y vos, ¿con que patrón te identificas más? ¡Contanos tu experiencia!
Paula Santiago.Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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