En estas últimas semanas, dentro de las sesiones de flores de Bach o en lecturas del registro akáshico, han sido recurrentes algunos temas que me motivaron a escribir sobre lo que aprendí. Se trata nada más ni nada menos que de aceptar el presente que vivimos, reconocer como hemos llegado hasta ahí y adentrarnos en el proceso que eso implica.
He escuchado por doquier frases como “tendría que haber hecho otra cosa”, “no tendría que sentir esto” y cuestionamientos por el estilo, producto de no estar felices con lo que estamos pasando. Pero las cosas simplemente SON, estudiarlas hace que pueda entender el paso a paso que hicimos para terminar ahí. Suelo responder que “de lo ideal a lo real hay una distancia”. Esa es la distancia que debemos recorrer en el camino del auto conocimiento y trabajar por sacar la mejor versión de nosotros mismos.
Primero, desde la aceptación de la realidad que vivo: ser consciente de hasta dónde puedo hoy y saber que ese es mi punto de partida, el lugar donde estoy parado observando el panorama antes de decidirme a dar el próximo paso.
Algunos preguntan: ¿Cuándo voy a estar bien? ¿Cuándo va a pasar esto? Nadie tiene la respuesta, los tiempos internos varían según la persona. Lo que sí es seguro, es que cuanto uno más se compromete con profundizarse y desarticular esos comportamientos, más rápido sucederá. Sin exigencias, sin centrarme en que YA quiero el resultado final (“estar bien”) porque la energía debe estar centrada en el proceso de aprendizaje. Cuanto más me resista y postergue entrar en ese lugar oscuro y desconocido de mi mismo… más larga se hace la caminata.
Cuanto más responsabilizo al “que me hizo esto” más se aleja el día en que me siento mejor. Al soltar la creencia de ser la “victima” de la historia, me ayudo a poder tomar un rol activo en la situación y de esa manera comenzar a construir nuevas formas de relacionarme.
Todo tiene sus etapas, procesos o estaciones, como la naturaleza misma. Quizás en ese momento de “oscuridad” y angustia sintamos que estamos en un invierno frio y solitario…pero cuando pasamos un invierno, luego llega la primavera, SIN EXCEPCIÓN.
Nunca un árbol se ha enojado con el otoño e impidió que sus hojas se caigan. Todas las fases SON NECESARIAS. El caer de las hojas (desprenderse de lo que ya no es necesario) es una protección a la tierra del frio que vendrá luego durante el invierno. Ese “soltar” prepara a la tierra para lo que viene (fase de duelo y encuentro con nuestros aspectos desconocidos). De repente un día, sin casi darnos cuenta, empieza a calentar más el sol y comenzamos a ver los primeros brotes de primavera. Nos sentirnos diferentes, vamos recuperando el entusiasmo, las ganas, la alegría y eso que parecía tremendo, eso en lo que no dejábamos de pensar, va dejando de doler.
Siguen pasando las semanas, llega el verano y con él, los frutos. Nos sentimos transformados, llenos de energía, renovando la fe en nosotros mismos, viendo cuanto hemos crecido, agradeciendo a esa experiencia por habernos hecho crecer, por dejarnos en este lugar tan maravilloso como en el que estamos ahora.
Si estás en un momento “otoño” quiero que recuerdes que las demás estaciones te están esperando para ser transitadas, que no podemos evitar ninguna si deseamos florecer.
Cuanta más resistencia pongamos a lo inevitable, más cuesta arriba se hace. Si nos entregamos naturalmente a dejar ir, llorar, soltar, liberarnos, perdonarnos, comprendernos, amarnos, volveremos a nacer en primavera.

sí,agradecida....
ResponderEliminarGracias a vos Mir!
EliminarNos alegra poder seguir compartiendo y sumando al autoconocimiento con nuestros post. Un abrazo!
Paula, de Espacio Nuevo Ser.