sábado, 29 de octubre de 2016

¿Andas despistado o desatento? ¿Te cuesta concentrarte? Esto es para vos.

Como profe de Yoga, cuando hablamos con los alumnos sobre la meditación he recibido todo tipo de comentarios. Están los que creen que es algo imposible, otros sienten que “no es para ellos”, algunos lo ven como algo fascinante pero inalcanzable y otros quisieran saber cómo hacer para lograrlo. El escrito de esta semana, está dirigido a todos ellos.

Cuando me preguntan, les digo que es para todos, que no hace falta ser alguien “iluminado” y que la técnica en si es tan sencilla que no lo podés creer. Lo que es complejo es desarticular los mecanismos de nuestra mente y aprender a domesticarla. Eso lleva trabajo, pero hasta las cabecitas más activas con constancia logran hacerlo.

Existen diferentes formas de meditación, pero cuando alguien intenta sentarse diciendo “voy a poner la mente en blanco” generalmente el resultado es una frustración enorme, sumada a la sensación de no puedo con esto, no es para mí. Antes de sentarnos a querer meditar te propongo practicar algo más sencillo. Se trata de la concentración o atención plena.
Ahora mismo mientras lees, ¿cómo estás sentado? ¿cómo estas respirando? Tomate sólo un minuto (literal) para sentarte derecho, sentirte y empezar a ponerle atención a cómo estás respirando. Ese pequeño ejercicio, hace que tu mente salga de lo que estés haciendo (dejaste de leerme) para sentir tu momento presente. Si pudieras hacer esto varias veces al día, vas a empezar a lograr grandes cambios.

A esto se le llama práctica del presente. Significa estar acá y no en otro lado. Que tu mente, tu cuerpo y tus emociones estén todas en el mismo lugar. Ahora. Si no, estás trabajando pero pensando en que se largó a llover y dejaste la ventada abierta de tu habitación con piso de parquet. O estás manejando el auto, pensando en el trabajo, dudando de si le mandaste el mail a ese cliente enojado. En ambos casos, seguro la incertidumbre de lo que pueda pasar, también le da de comer a esa mente de maquinita imparable.

Se trata de situaciones donde nuestro cuerpo realiza una actividad de modo casi automático mientras nuestra mente está resolviendo otra cosa. El problema es, que sobre estimulamos la mente y la realidad es que no podemos poner el %100 de la atención a dos cosas a la vez.
Incluso muchas veces eso nos lleva a no tener registro de algunos acontecimientos. Saliste de casa pensando en todo lo que tenias que hacer y no te acordas donde guardaste las llaves. ¿Te pasó? Me encontré un rasguño en la pierna y no tengo idea de contra que me choque o encontré el control remoto en la heladera (decime, ¿en qué momento lo metí ahí?)
Todo eso, ¡es falta de atención!

Antes de que te sientes a frustrarte por no poder meditar, implementa el aumento de la conciencia en el presente, en los actos cotidianos.
Empezá de a poco, anda aumentando y contanos como te fue.  

Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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domingo, 23 de octubre de 2016

¿Tenes idea de cuanto te pareces a tus padres?


Cuando miramos el mundo, es como si lo hiciéramos con unos lentes que fueron “hechos” con las experiencias de nuestra vida y que condicionan todo lo que vemos.
¿Qué quiero decir?
Comencemos del principio, como debe ser.

Al nacer, somos puro instinto de supervivencia, con que nos den alimento, abrigo y amor andamos bárbaro. Aún no hay ideas sobre nada, sólo sensaciones y según como nuestros cuidadores respondan a nuestras necesidades irán dejando huellas en nuestro mundo interior. Vamos creciendo y ellos nos acompañan a descubrir el mundo, nos dicen que cosas están “bien” y cuáles están “mal”, nos transmiten sus ideas de la vida, de que se trata el amor, el trabajo, el dinero, la escuela, como relacionarnos, sentarnos, hablar, etc.

Si bien nuestros padres son quienes van a calar más profundo en nosotros con sus creencias también influye el resto del grupo familiar, si tenemos hermanos o somos hijos únicos, si nos han criado nuestros abuelos o tíos, las vivencias que tengamos en el colegio, los maestros, el lugar geográfico, etc.

Y a este punto quería llegar, a decirte que todo lo que hoy pensamos es una construcción basada en todo eso que nos dijeron y vivimos. Es decir, que no es una realidad absoluta, total e indiscutible. Si no que es una verdad parcial. Podemos estar parados vos y yo frente a una situación y ver algo completamente diferente, la opinión y la conclusión que sacamos de ese acontecimiento va a depender de lo que tenemos adentro. También los recuerdos que tenemos son parciales, ya que la memoria va recortando y completando lo que le falta. Entonces muchas veces tomamos decisiones o juzgamos situaciones bajo esta lente distorsionando realidades.

Vamos con un ejemplo de esto: estamos en el banco y hay una gran fila para ir a la caja. Juan es un hombre muy ansioso desde chico, su mamá lo apuraba permanentemente y cuando él se demoraba era gravemente castigado. Aprendió a ir corriendo por la vida, con sensación de adrenalina y no comprende porque los demás son tan lentos. Está sufriendo en esa cola de banco, insultando mentalmente al cajero, al gerente y al mundo entero por ser unos inoperantes a ritmo de tortuga. Marisa en cambio, es una mujer tranquila. Su mamá era una señora que acompañaba con paciencia a su hija y ella aprendió a autoregularse. Por si había mucha gente en el banco, se llevó un libro, asique lo largo de la fila la tiene sin cuidado, aprovecha para estar sentada, descansar y leer. Lo que les piensen, sientan o hagan Marisa y Juan va a estar hablando de lo que ellos tienen adentro. La situación del banco es la misma para ambos, pero cada uno la vive y la maneja diferente.

Una vez más vemos la importancia del auto conocimiento, de revisar nuestra historia, para desarmar modelos que hayamos tomado de otros y que hoy en día ya no nos sirvan. Agradecer lo que nos han dado y lo demás transformarlo, buscando ser la mejor versión de nosotros mismos.

¿Qué área de tu vida estás deseando cambiar? ¿Qué ideas crees que te limitan para llegar a esa meta?


Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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sábado, 15 de octubre de 2016

¡ Mamá, mamá, encontré mi vocación!



El titulo evoca a un programa que veía de “joven” jeje donde el personaje todos los días llegaba a su casa diciendo eso, siempre con una profesión diferente, claro. La que finalmente no lo convencía y en el siguiente programa nuevamente creía haberla encontrado.

Sobre la vocación, es el tema de la semana. Cuando terminé la secundaria, tenía la creencia heredada familiarmente de que debía estudiar para ser “alguien” en la vida y para tener un “buen trabajo”. Me anoté en una carrera, luego cambie y luego volví a cambiar… pero mientras tanto había algo que permanecía en mi vida desde mi adolescencia: mi práctica de Yoga, mi profundo interés hacia el arte, la danza, la música, la filosofía y la psicología. Remaba muchísimo para avanzar en la universidad, llena de contradicciones, ya que en el fondo la motivación que me hacia estar ahí era la promesa de que “tendría un buen trabajo” y eso significaba también que mi economía pudiera ser estable, ya que para ese entonces me mantenía sola y tenía una hija.

Gracias a algunos maestros de la vida comencé a comprender que esa era una posibilidad pero que no era la UNICA. Que para muchos, es el camino del éxito pero que para mi significaba someterme a un modelo de creencias familiar, en el que no era feliz.
Me llevó bastante trabajo interior soltar esa creencia, ya que me daba seguridad esa promesa y elegir otro camino implicó comenzar a confiar en mi intuición, buscando la confianza adentro, sin apoyarla en cosas materiales.


Entendi que yo ya era alguien y que un título solo me marcaba una dirección profesional. Todas las carreras, los oficios y profesiones son necesarias. Un amigo ingeniero me dijo “el mundo es como una gran máquina, para que funcione a la perfección cada pieza tiene que cumplir su función, ninguna está de más, ni puede haber una de menos”. Aún hoy resuena en mi esa analogía que me llevó a preguntarme… ¿y yo que pieza quiero ser? ¿Que aporte quiero dar al mundo?

Entendi que si amaba lo que hacía y entregaba lo mejor de mi, eso crecería, porque todo lo que alimentamos, crece. 

Entendí que si yo encontraba mi verdadera vocación, podría ser feliz y esa felicidad te lleva a buscar compartir con alegría lo que sabés hacer, eso se transmite, al otro le llega y así se expande.

Entendí también que cada ser es único, con cualidades y capacidades, información de vidas anteriores y que tenia facilidad para muchas cosas, pero que aún no lo había descubierto.

Y así, fui construyendo mi profesión como terapeuta. Usando mis capacidades naturales, potenciándolas con el estudio, con el trabajo personal y la experiencia.
En estos años he conocido gente que vivía de formas que no había imaginado, gente con titulo que se dedicaba a otra cosa porque no conseguía trabajo, inclusive recuerdo una profesora de yoga que me contaba sobre su trabajo en un hotel “porque viste que de dar clase no podés vivir”.
La diferencia siempre estuvo en las creencias que tenían cada una de esas personas. No eran “suertudos” o “elegidos” aquellos que trabajaban de lo que amaban, eran personas que habían confiado en sí mismos, que habían hecho un proceso interior de crecimiento que les permitió lograr esos sueños. Muchos se sorprenden cuando cuento que comencé trabajando en McDonalds, ¡casi me parece una vida pasada!
Hoy te invito a reflexionar si realmente estás donde querés estar, si estás haciendo aquello que amas o si estás tras de un cubículo porque crees que no hay otra opción pero te encantaría escribir un libro, ser artista plástico, bailarin/a, etc. ¿Con que soñás?
¡Busca cada día estar un poco más cerca de concretarlo! ¡Se puede!

Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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sábado, 8 de octubre de 2016

La terapia DUELE. ¿Que? ¿Como??


 Cualquier tipo de proceso terapéutico en principio DUELE. 
¿Qué? Si, lamento decirlo, no es una buena estrategia de marketing, lo sé. Pero es hablar con total honestidad y sinceridad ;) .

Te cuento un poco mi historia. Hubo un momento de mi vida, en el que yo misma no lograba sostenerme, en donde la situación que atravesaba era para mí tan dolorosa, difícil y solitaria, que no me alcanzaba la práctica de Yoga para calmarme. Le daba vueltas al tema, lo miraba por un lado y por el otro, pero seguía padeciendo las mismas situaciones una y otra vez. Es ahí donde decido buscar ayuda y llego a una psicóloga que me acompañó en el proceso de auto-conomiento por muchos años. 

Recuerdo hoy con cariño, salir muchas veces de sesión enojada, angustiada, llorando por días y que algunos amigos me dijeran "pero si te angustia tanto, ¡¿para qué vas?!" dando por entendido que la terapia solo debe hacerte sentir mejor y si no es así, estás desperdiciando el dinero (en realidad me decían: ¡te están choreando! bien a lo porteño jeje)

Sobre este punto es la reflexión de esta semana. Cuando estaba a solas y le daba vueltas al asunto, lo hacía desde la Paula que había creado esa realidad, que por supuesto si hubiera tenido la claridad de lo mal que me estaba haciendo a mi misma ¡no la hubiera construido! Pero al no poder salirme de mis propios pensamientos, de mi manera tomar decisiones, seguía repitiendo infinitamente.

Cuando llegamos a sesión siempre hay "algo" en nuestra vida que no estamos pudiendo solucionar o sobre llevar, por eso acudimos a un profesional. Al empezar a compartir nuestra historia con el otro, vamos empezando a desenredar y comprender el paso a paso de cómo llegamos a estar hoy donde estamos, cual es nuestra herencia familiar, que patrones de conducta utilizamos, de donde los sacamos, porque creíamos que de esa manera se debían realizar las cosas, etc.

Ese "darse cuenta" es como salir de una burbuja y caer en la realidad de todo lo que veníamos haciendo, ver con mayor sinceridad el cómo soy y como son los otros. Inclusive hacerme cargo, de lo que creí que "otro" me había hecho cuando en parte, yo mismo cree esa realidad, eligiendo sin conciencia una y otra, y otra... y otra vez, la misma situación.

Nuestro espacio se llama "Nuevo Ser" en parte por eso. Nace una nueva personalidad, luego de un proceso terapéutico, no volvemos a ser los mismos, ya que al ir reconociendo nuestras actitudes comenzamos el cambio, dejamos de tomar algunos caminos o decisiones, desarticulamos comportamientos, soltamos viejas creencias y empezamos a ser el adulto que soñamos ser. Eso lleva trabajo, dedicación, valor y amor hacia nosotros mismos. Pero te aseguro, que nadie, ningún maestro de todos los que ves, lees o escuchas, son lo que hoy son sin haber tenido alguna crisis profunda, donde algo de ellos muere para que renazca parte de lo que hoy muestran ser.

¡Inclusive nosotros!

La sabiduría la vamos tomando de la vida que nos enseña, apoyados en teorías, filósofos, maestros que ya la han pasado y pueden darnos claridad sobre el cómo salir. Pero nadie más que vos, puede sacarte de ese lugar. El primer tiempo la terapia duele, si. Pero luego, aprendemos a caminar con los ojos abiertos, creando una realidad mucho más amigable y nos damos las gracias a nosotros mismos, por el trabajo hecho y por poder estar hoy acá, en paz.

¿Ya te has sumergido en las profundidades de tu Ser?
¿Como ha sido el proceso para vos?

Contanos! :)

Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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sábado, 1 de octubre de 2016

Cuando quiero ayudar al otro y el otro “no me deja”


Cuando alguien llega a una sesión siempre están abiertos, en la búsqueda de soluciones a los asuntos personales que los hicieron pedir el turno. Suelen estar receptivos, confían, se entregan. Es el contexto y el espacio donde soltarse y trabajar. Es su momento.

Son muchos los consultantes (sobre todo en sesiones de Registros Akáshicos) que preguntan por situaciones que están viviendo personas cercanas a ellos, intentando encontrar una forma de ayudarlos. ¿Pero que suele suceder? Que el otro al que ellos quieren ayudar aún no está listo.
No se muestra receptivo, inclusive hay veces donde la reacción es adversa, negativa, se cierran, se enojan y aunque les estés dando un consejo acertado de corazón, no lo pueden recibir.

¿Y que le pasa a la persona que solo estaba intentando ayudar? Algunas se enojan, otras se angustian, se quedan preocupadas, se sienten impotentes, etc.

Aquí el trabajo es como siempre: MIRARNOS A NOSOTROS MISMOS. Aceptar que el otro es un ser adulto que puede elegir no resolver aún la situación, quizás no porque no quiera hacerlo… si no, porque aún no puede, no está preparado. La fruta siempre cae del árbol cuando está madura, no antes, ni después. ¡Recordemos eso siempre!
“Y pero la está pasando tan mal!” Si… entiendo tu preocupación, pero hay “algo” en su mundo interior que aún no está resuelto y debe vivir esa experiencia como parte de su crecimiento personal, de su evolución como alma.

En algunos casos sucede también, que el otro simplemente ELIGE hacer las cosas de otra forma. Esto es muy común en hijos que hacen las cosas distintas a como su madre/padre esperaban. Llegan esos padres preocupados a sesión y siempre los maestros les brindan la claridad de aceptar que sus hijos tomen un camino diferente al que ellos pensaban, que están paso a paso, día a día buscando, construyendo y escribiendo su propio libro.

Nuestra mirada de la vida está atravesada por nuestra historia, nuestra personalidad, nuestras vivencias… asique yo puedo ver este objeto y pensar una cosa y vos otra.
¿Quien tiene la razón? Los dos ;) Cada uno desde su mirada.

Entonces: acompañar a nuestros seres queridos no implica opinar, juzgar y dar órdenes porque nosotros tenemos la verdad absoluta. Es acompañar, si nos preguntan aconsejar y dejar que el otro sea la mejor versión de sí mismo, a su manera, dándole el tiempo que ese otro necesite para hacer, equivocarse y acertar. De esa forma evitamos el conflicto y seguramente se mostrarán más abiertos a recibir lo que podemos brindarles. 


Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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