sábado, 1 de octubre de 2016

Cuando quiero ayudar al otro y el otro “no me deja”


Cuando alguien llega a una sesión siempre están abiertos, en la búsqueda de soluciones a los asuntos personales que los hicieron pedir el turno. Suelen estar receptivos, confían, se entregan. Es el contexto y el espacio donde soltarse y trabajar. Es su momento.

Son muchos los consultantes (sobre todo en sesiones de Registros Akáshicos) que preguntan por situaciones que están viviendo personas cercanas a ellos, intentando encontrar una forma de ayudarlos. ¿Pero que suele suceder? Que el otro al que ellos quieren ayudar aún no está listo.
No se muestra receptivo, inclusive hay veces donde la reacción es adversa, negativa, se cierran, se enojan y aunque les estés dando un consejo acertado de corazón, no lo pueden recibir.

¿Y que le pasa a la persona que solo estaba intentando ayudar? Algunas se enojan, otras se angustian, se quedan preocupadas, se sienten impotentes, etc.

Aquí el trabajo es como siempre: MIRARNOS A NOSOTROS MISMOS. Aceptar que el otro es un ser adulto que puede elegir no resolver aún la situación, quizás no porque no quiera hacerlo… si no, porque aún no puede, no está preparado. La fruta siempre cae del árbol cuando está madura, no antes, ni después. ¡Recordemos eso siempre!
“Y pero la está pasando tan mal!” Si… entiendo tu preocupación, pero hay “algo” en su mundo interior que aún no está resuelto y debe vivir esa experiencia como parte de su crecimiento personal, de su evolución como alma.

En algunos casos sucede también, que el otro simplemente ELIGE hacer las cosas de otra forma. Esto es muy común en hijos que hacen las cosas distintas a como su madre/padre esperaban. Llegan esos padres preocupados a sesión y siempre los maestros les brindan la claridad de aceptar que sus hijos tomen un camino diferente al que ellos pensaban, que están paso a paso, día a día buscando, construyendo y escribiendo su propio libro.

Nuestra mirada de la vida está atravesada por nuestra historia, nuestra personalidad, nuestras vivencias… asique yo puedo ver este objeto y pensar una cosa y vos otra.
¿Quien tiene la razón? Los dos ;) Cada uno desde su mirada.

Entonces: acompañar a nuestros seres queridos no implica opinar, juzgar y dar órdenes porque nosotros tenemos la verdad absoluta. Es acompañar, si nos preguntan aconsejar y dejar que el otro sea la mejor versión de sí mismo, a su manera, dándole el tiempo que ese otro necesite para hacer, equivocarse y acertar. De esa forma evitamos el conflicto y seguramente se mostrarán más abiertos a recibir lo que podemos brindarles. 


Paula Santiago.
Directora y Terapeuta en Espacio Nuevo Ser
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Si en algún momento del camino necesitas compañía, para eso estamos en Espacio Nuevo Ser.


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